Santa Cruz - Bolivia, enero de 2006

Bramadero

Un refugio en Sucre

 

Texto y fotos: Celina Tavera, de Correo del Sur para Extra

 

El Refugio Andino Bramadero combina la nostalgia del pasado con un paisaje fabuloso y una atención impecable a sólo 45 minutos de la capital de la República. El sitio es ideal para descansar y disfrutar de la naturaleza. Su servicio es de primera

 

Al Refugio Andino Bramadero llega claramente el trinar de los pájaros, la brisa del campo abierto y el silencio que se hace sentir impetuoso. Por la noche, la luz de las velas hace aún más cálida la estancia desde que el sol cae entre los bosques de pinos y los eucaliptos que apenas acaban de crecer.
Bramadero parece ocultarse del bullicio y el quehacer de la gente, es un ‘agreste lugar de ensueño’, ubicado a 45 minutos de la ciudad de Sucre y al que se llega por un desvío en la carretera hacia la comunidad de Ravelo, justo al pie de la cordillera de Chataquila.
Hace siete años, Mabel Guereca de Cagigao y Raúl Cagigao salieron en búsqueda de un sitio con plena oscuridad para observar el firmamento y ampliar sus estudios de astronomía, entonces encontraron en Bramadero el lugar indicado donde el único aliento para continuar era el hermoso paisaje y la frescura del aire que no alcanzaba para pensar en la construcción de una edificación impecable como la que existe actualmente.
Mientras se consume la leña de la hoguera, Raúl y Mabel sonríen al saberse cómplices de un trabajo muy bien hecho y apoyado en el esfuerzo y el cariño del uno al otro. Ese afecto y apoyo mutuo es ahora la esencia para que los visitantes sientan el calor de hogar donde se disfruta de un encuentro plácido con la naturaleza y la tranquilidad.
Comentan que apenas pensaban en una pequeña ‘guarida’ para refugiarse del incesante viento y las tormentas de la época. Así comenzaron la construcción de un cuarto que luego se convirtió en la primera cabaña; pero, debido a que la edificación era insuficiente para cobijar a todos sus familiares cuando decidían salir de Sucre, empezaron una nueva construcción que, con el tiempo, se convirtió en otra cabaña y, al final, luego de un prolongado espacio de tiempo, se alzaron seis construcciones muy peculiares, cada una con diferentes características, todas juegan con la nostalgia y la alegría de apartarse del ajetreo, de las reglas, de los jefes, de las tareas de casa y de la indiferencia de la ciudad.
La madriguera del Oskollo, El ático de los Búhos, El rincón de las Callampas, El charquito de la Atikala, El nido de las Chulupías y La guarida de las Águilas, que es el edificio central, son los nombres de las cabañas que fueron construidas en ese orden y sin pensar en un proyecto acabado de lo que se quería hacer.
Cada una de las cabañas tiene una exquisita decoración que, a decir de Raúl, se debe a la ‘joyita’ que tiene por esposa, que se ocupa de restaurar cosas que no se usan y adquirir otras muy artesanales, antiguas o de mucho valor cultural para ubicarlas en el rincón perfecto de cada casa.
Lo cierto es que todo tiene un dulce sabor a pasado y se advierte un orgullo a flor de piel por las cosas propias del lugar, los objetos hechos a mano, que muestran costumbres, colores y olores que forman parte de la historia de la gente de la región. Con ese entusiasmo, Mabel y Raúl desvanecen los tiempos duros de su memoria para comentar la satisfacción de sus clientes cuando dejan Bramadero.

Caminos y estrellas
Además de un descanso reparador en confortables cabañas con baños privados, hogueras y veladas a la luz de las velas, también ofrece caminatas y paseos por quebradas cercanas y los bosques de pinos y álamos. Para los que prefieren más riesgo hay un paseo al Peñón del Gato Diabólico, que requiere un poco más de esfuerzo para observar desde la cima un espléndido paisaje con múltiples cumbres. Las caminatas son por riachuelos y roquedales hasta disfrutar de las aguas cristalinas que vienen desde Cajamarca, además de pasar por lugares de historia con huellas de dinosaurios y pinturas rupestres.
Raúl, que es un experto de la astronomía, brinda una amplia explicación a los visitantes sobre los misterios y las peculiaridades de esa ciencia que deja estupefactos a sus visitantes en noches de atmósfera limpia. Cuenta con dos telescopios con los que se puede ver una infinidad de constelaciones, ya que si en la ciudad se observan unas 200 en el campo se ven más de 3.000, pero desde Bramadero la suma aumenta a 5.000 por la escasa luz que se proyecta desde abajo.
Otra de sus amenas e interesantes conversaciones se refiere a la astronomía andina y a las formas en que los llameros pueden ver en la oscuridad del campo, a través de las estrellas y los escasos espacios oscuros del cielo donde no las hay. Es un estudio que incluso traspasó fronteras por su singularidad.

A pedir de boca
Si de hablar de comida se trata, la experta es Mabel, que prepara una variedad de platos entre comida nacional e internacional. El menú que ofrece es variado y de acuerdo a la preferencia de sus huéspedes, incluso los vegetarianos. Los clientes encuentran el bufet perfecto con artículos de la zona cocinados al punto exacto conforme a la herencia de familia y a la experiencia adquirida en años de dedicación a la gastronomía.
Lo que es necesario resaltar es la pulcritud en los servicios, pues en todos los detalles prima la limpieza y la atención esmerada. Las constantes inscripciones que se observan en el libro de quejas son la abundancia de comida, las inigualables duchas y el exceso de amabilidad que nunca está de más. Atendieron a todo tipo de clientes, desde los más difíciles hasta los que ni siquiera se hacen sentir, pero al final todos salieron, como ellos aseguran, a gusto y con ganas de volver.
En Bramadero se ofrece atención de puerta a puerta y los anfitriones suelen recoger a sus visitantes desde el aeropuerto Juana Azurduy de Padilla. Para acceder a los servicios se deben hacer reservaciones en Sucre. El precio es de $us 35 por persona un día y una noche.

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